En No me dejes nunca, Wonder, Cristina Higueras vuelve a situar en el centro a la inspectora Mónica Rojo para construir una historia donde el suspense convive con preguntas sobre la identidad, la confianza y algunas de las realidades más incómodas de nuestro tiempo. Conversamos con la autora sobre el origen de la novela, la construcción de sus personajes y esa mirada social que atraviesa gran parte de su obra.
Escribo novela negra porque me parece un género que, aunque por supuesto tiene sus reglas, me resulta más libre que otros
¿Cómo nació la idea de No me dejes nunca, Wonder?
La idea nació cuando pasaba unos
días de vacaciones en Oporto. Oporto siempre me ha parecido una ciudad alegre y
tranquila al igual que Vila Nova de Gaia, la población situada en la otra
orilla del Duero, donde están las bodegas. Uno tiene la sensación de que nada
malo puede ocurrir allí, al menos eso fue lo que a mi me transmitía todo aquel
entorno. Siempre me han gustado los
contrastes y me pareció interesante que a la inspectora Mónica Rojo, la
protagonista, le sucediera algo muy traumático e inquietante en ese lugar.
Entonces se me ocurrió que ella y Cito, su pareja de toda la vida y con quien
se acababa de casar, fueran allí de viaje de novios y él, de repente,
desapareciera sin dejar rastro. Ella, entonces se encontraría en medio de esa
ciudad llena de turistas y aparentemente tan inofensiva, angustiada y en la más
absoluta soledad.
¿Qué surgió primero: la desaparición de Cito, la trama criminal o el
personaje de Mónica Rojo?
Digamos que todo ello surgió de
forma encadenada.
Mónica Rojo ya protagonizó su novela anterior. ¿Qué le llevó a
recuperar este personaje y qué nuevos aspectos quería explorar en ella?
La andadura de Mónica Rojo empezó
en mi primera novela negra: “El extraño del ayer”, publicada por La Esfera de
los libros en 2015. Allí era un personaje secundario, pero suscitó mucho
interés entre los lectores, supongo que por sus características, que poco
tienen que ver con las de este tipo de personajes. Después de “El extraño del
ayer” la misma editorial publicó otras dos novelas mías: “El error de Clara
Ulman” y “Soy tu mirada”, en las que ella no aparecía. Pero en la siguiente,
“Un asunto ambiguo” que sería publicada por la editorial Al Revés, me pareció
que era una buena idea convertirla en protagonista. Como creo que el personaje tiene recorrido y
posibilidades decidí que también lo fuera en “No me dejes nunca, Wonder”.
¿Tenía clara la historia desde el principio o fue creciendo y
transformándose durante el proceso de escritura?
Antes de comenzar a escribir
suelo tener claro el planteamiento, el desarrollo y el desenlace. Pero en esta
ocasión, no tenía tan claro el desenlace. Consideré dos opciones, pero cuando
llegué más o menos a la mitad me decanté por el final más arriesgado…
Lo que más me interesaba de este tema era la despersonalización de los desfavorecidos para convertirlos en objetos de consumo
Quienes conocen su trayectoria saben que suele sorprender con tramas
muy originales que, más allá del suspense, abordan cuestiones de gran calado
social. ¿Es una decisión consciente utilizar el thriller como vehículo para
reflexionar sobre problemas que afectan a nuestra sociedad?
Escribo novela negra porque me
parece un género que, aunque por supuesto tiene sus reglas, me resulta más
libre que otros. Permite, sobre una trama de intriga, abordar problemas que me
interesan, hacer crítica social, dar pinceladas de humor y , como en “No me
dejes nunca, Wonder”, incluso contar una historia de amor.
En esta novela aborda una realidad tan dura como el tráfico de personas
para la extracción y comercialización ilegal de órganos. ¿Qué le llevó a
interesarse por este tema?
Lo que más me interesaba de este
tema era la despersonalización de los desfavorecidos para convertirlos en
objetos de consumo, algo que ocurre con mucha más frecuencia de lo que nos
imaginamos. También me interesaba ese mundo paralelo que se desarrolla en la
dark web o internet oscura, tan desconocido para la mayoría de la gente y en
donde puede encontrarse la peor faceta del ser humano.
¿Qué proceso de documentación siguió para construir una trama tan
compleja y verosímil?
Antes de ponerme a escribir,
siempre dedico un tiempo a documentarme porque me preocupa mucho que la
historia que narro sea verosímil. Para “No me dejes nunca, Wonder”, recurrí a
Javier Fernández, médico forense, a Diego Alejandro, de la Brigada Central de
Investigación Tecnológica de la Policía Nacional y a Joaquín Carrasco, de la
Comisaría General de la Policía Científica. Cada uno de ellos me aportó no solo
la información técnica que necesitaba, sino también su experiencia, que me
resultó muy valiosa.
El dinero lo compra prácticamente todo, solo es una cuestión de precio
La novela también apunta a la corrupción y a las grietas de
determinadas instituciones. ¿Hasta qué punto le interesaba mostrar cómo estas
organizaciones criminales necesitan de complicidades, indiferencias o fallos
del sistema para sobrevivir?
La única manera de que estas
organizaciones funcionen es teniendo cómplices dentro del sistema para
pervertirlo, y eso se consigue con dinero. A veces con mucho dinero. El dinero
lo compra prácticamente todo, solo es una cuestión de precio.
¿Considera que la literatura puede contribuir a dar visibilidad a
problemas que muchas veces permanecen ocultos para la mayoría de la sociedad?
Es una de las funciones de la
novela negra y lo que la diferencia que la mera novela policíaca. En esta
ocasión me interesaba sacar a flote un tema del que no se suele hablar porque
resulta incómodo en nuestra sociedad, aparentemente tan avanzada e igualitaria.
No todos tenemos los mismos derechos, aunque teóricamente nos vendan que es
así. Vivimos en un mundo en el que sigue existiendo la esclavitud, lo que
ocurre es que ya no la llamamos de esa manera.
Más allá de la investigación policial, la novela parece plantear una
pregunta inquietante: ¿cuánto conocemos realmente a las personas que amamos?
¿Era esa la idea central de la obra?
Las personas, todas las personas,
somos como icebergs, que solo mostramos una muy pequeña parte de lo que somos
en realidad. Nunca llegamos a conocer completamente a quien tenemos a nuestro
lado, por mucho que creamos que así es. El azar también juega un papel
importante en “No me dejes nunca, Wonder”, al igual que en la vida.
La confianza, las apariencias, las dobles identidades y los secretos
recorren toda la historia. ¿Qué le interesa de estos temas desde el punto de
vista literario?
Me interesa especialmente la creación
de los personajes. Vargas Llosa decía que escribir es realizar un streaptease invertido.
Comienzas con una historia y unos personajes desnudos y según vas desarrollando
la novela vas añadiendo capas. Elaboro mucho los personajes porque por muy
potente que sea una historia, si no está poblada de seres con aristas,
contradicciones y matices que los hagan humanos la trama se cae.
Nunca llegamos a conocer completamente a quien tenemos a nuestro lado, por mucho que creamos que así es
La novela está dividida en distintos ejes narrativos como Mónica, El
viaje, Las pistas, La organización, La trama, La casa, Cito o El operativo.
¿Cómo surgió esta estructura?
La idea era contar la misma
historia desde diferentes puntos de vista y desde distintos prismas. Sacar a la
luz la infinita variedad de grises. Como en la vida, en “No me dejes nunca,
Wonder” las cosas no son blancas o negras.
¿Buscaba deliberadamente que el lector reconstruyera la historia desde
distintos ángulos y niveles de información?
Sí, por supuesto, eso lo tenía
claro desde el principio. Dar a los lectores las piezas del puzle para que las
vayan ensamblando. Establecer con ellos ese juego.
Mónica Rojo aparece aquí en una situación muy distinta a la habitual:
pasa de ser investigadora a convertirse en alguien emocionalmente implicada en
el caso. ¿Qué le interesaba explorar a través de esa vulnerabilidad?
“No me dejes nunca, Wonder” es,
además de muchas otras cosas, un viaje emocional de la protagonista, desde que su
reciente marido desaparece hasta el desenlace pasando por las diferentes
situaciones y estados en los que se va encontrando el personaje. En esta novela
no quería limitarme a que realizara un proceso de investigación, sino a que su
implicación fuera profundamente íntima y personal. Confío en que los lectores
se identifiquen de algún modo con el personaje y de alguna manera, hagan ese
viaje emocional con Mónica.
A medida que avanza la novela, el lector descubre que las certezas de
Mónica sobre su propia vida empiezan a resquebrajarse. ¿Fue tan importante para
usted ese viaje emocional como la propia investigación?
En “No me dejes nunca, Wonder”,
creo que lo más sugestivo es precisamente ese viaje emocional. Para mí al
escribir la novela eso era lo prioritario y para los lectores que se ponen en
contacto conmigo parece que también consideran que es lo que más les interesa,
pues así me lo trasmiten. Por tanto,
intuyo que el objetivo está cumplido.
Cito es uno de los personajes más complejos de la obra, ya que su
identidad se va construyendo poco a poco a través de distintas perspectivas.
¿Cómo trabajó su creación?
Cito también aparecía en “El
extraño del ayer” y en “Un asunto ambiguo”. Es profesor de instituto y la
pareja de Mónica desde que ambos eran adolescentes. Un tipo tranquilo y un poco
friki que colecciona muñecos de películas. En “No me dejes nunca, Wonder” vamos
a conocerlo más profundamente. Digamos que descubro capas de él que no salieron
a la luz en las anteriores novelas.
Yo escribo lo que a mí me gustaría leer, y a mí me gustan las historias que me llegan al corazón
¿Qué importancia tiene para usted la dimensión humana y emocional dentro de una trama de suspense?
Es básica. Yo escribo lo que a mí
me gustaría leer, y a mí me gustan las historias que me llegan al corazón. Y
eso es lo que pretendo, despertar la sensibilidad de las personas que leen mis
libros. El otro día una lectora me dijo que lloró al llegar al final de “No me
dejes nunca, Wonder”. Las novelas, independientemente del género al que
pertenezcan, deben sacudir emocionalmente a los lectores.
¿Le interesa más sorprender al lector con los giros argumentales o
provocar una reflexión que permanezca una vez terminada la lectura?
No sólo se puede, sino que se
debe compatibilizar ambas cuestiones.
¿Qué le gustaría que permaneciera en la memoria de quienes cierren la
novela?
Me gustaría que una vez llegue al
final, el lector se plantee que será de Mónica después del desenlace.
Y después de esta historia, ¿volveremos a encontrarnos con Mónica Rojo
en futuras investigaciones?
Sí, creo que a Mónica Rojo
todavía le queda mucho recorrido. Aunque después de todo lo que le sucede en
“No me dejes nunca, Wonder”, el personaje ya no será el mismo, como cambiamos
todos cuando la vida nos arrasa.
Cuestionario express.
Un lugar para escribir:
El despacho de mi casa. Hay
autores que escuchan música mientras escriben. Sin embargo, yo necesito
silencio absoluto.
Un personaje que le hubiera gustado crear:
Lisbeth Salander
Una influencia literaria:
Patricia Highsmith, Raymond
Chandler, James M. Cain…
Un libro al que siempre vuelve:
Adoro la poesía de Pedro Salinas.
Vuelvo a ella con frecuencia.
Un tema del que no escribiría nunca:
De fútbol.
¿Final honesto o final feliz?:
Después de leer “No me dejes
nunca, Wonder”, te propongo que seas tú quien responda a esa pregunta.
Muchas gracias, Cristina, por compartir con nosotros las claves de No
me dejes nunca, Wonder y por acercarnos al proceso de creación de una novela
que combina intriga, dimensión humana y reflexión social. Ha sido un placer
recorrer contigo los distintos niveles de una historia que invita al lector no
solo a descubrir qué ocurre, sino también a preguntarse por qué ocurre y qué
dice de nosotros como sociedad.
Aquí puedes leer la reseña de No me dejes nunca, Wonder

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