La pérdida de la felicidad, de Angie Kim

 Sinopsis:

«No llamamos a la policía enseguida». Estas son las primeras y eléctricas palabras de esta extraordinaria novela sobre una familia coreana-norteamericana de Virginia, cuya vida sufre un vuelco cuando su querido padre y esposo desaparece.

Mia, la irreverente e híper analítica hija de veinte años, tiene una explicación para todo, y esta es la razón por la que, de entrada, no está preocupada cuando su padre y Eugene, su hermano menor, no vuelven a casa después de ir a dar un paseo por un parque cercano. Deben de haber perdido el teléfono. O se habrán entretenido con algún recado. Pero cuando el hermano de Mia se presenta en casa ensangrentado y solo, queda claro que el padre de esta familia tan unida ha desaparecido y el único testigo de lo sucedido es Eugene, que padece el síndrome de Angelman, y no puede hablar.

Lo que sigue es una investigación contrarreloj en busca del padre y un retrato emocionalmente intenso de una familia cuyos secretos más íntimos podrían estar relacionados con la causa de su desaparición. Repleta de giros sorprendentes y preguntas fascinantes sobre el amor, el lenguaje y las conexiones humanas, La pérdida de la felicidad es un misterio, un drama familiar y una novela de profunda investigación filosófica. Sirviéndose de la potente narrativa, Angie Kim convierte la historia de una persona desaparecida en algo totalmente original, y crea el relato imborrable de una familia cuyos miembros deben realizar esfuerzos extraordinarios para conseguir entenderse realmente entre sí.


Reseña:

Una desaparición, un adolescente que no puede comunicarse mediante el habla y una familia que, mientras intenta averiguar qué ha sucedido, tendrá que enfrentarse también a sus propios secretos. Con estos ingredientes, Angie Kim construye en “La pérdida de la felicidad” una novela que parte de una investigación con apariencia de thriller, pero que poco a poco demuestra que sus intereses van bastante más allá del misterio.

Mia es quien nos cuenta la historia. Su padre ha desaparecido después de salir a pasear con Eugene, su hermano de catorce años, que tiene síndrome de Angelman y no utiliza el lenguaje oral para comunicarse. Eugene vuelve solo y con algunas heridas, pero es incapaz de explicar qué ha ocurrido. Y aquí aparece uno de los aspectos que más me han interesado de la novela: la autora cuestiona constantemente nuestra tendencia a confundir la capacidad para hablar con la capacidad para pensar, comprender o sentir.

Eugene termina convirtiéndose, de alguna manera, en el verdadero centro de la historia. No solo porque puede ser la pieza fundamental para descubrir qué le ha ocurrido a su padre, sino porque obliga al resto de personajes —y también al lector— a replantearse muchas de las ideas preconcebidas que tenemos sobre las personas que no pueden comunicarse de la manera convencional. La comunicación, precisamente, es uno de los grandes temas de la novela.

Me ha gustado especialmente cómo Angie Kim utiliza el misterio para introducir estos temas sin convertirlos en un simple añadido. La desaparición sirve como motor de la historia, pero detrás hay una novela familiar que habla de los cuidados, de las relaciones entre padres e hijos, de los hermanos que crecen en circunstancias diferentes y de todo aquello que muchas veces permanece oculto dentro de una familia. Ahora bien, no todo me ha funcionado igual. La novela es muy reflexiva y, en algunos momentos, demasiado explicativa. Mia analiza prácticamente todo lo que ocurre y hay pasajes en los que me habría gustado que la autora confiara un poco más en el lector. Esa tendencia a explicar las ideas una y otra vez hace que el ritmo se resienta y que la investigación pierda protagonismo.

La novela se presenta inicialmente como un misterio, pero cuanto más avanzamos, más evidente resulta que éste es casi una excusa para hablar de otras cosas. A mí no me parece necesariamente malo, pero sí creo que puede decepcionar a quien espere un thriller puro, con una investigación que avance constantemente hacia la resolución. En cambio, si entramos en la novela aceptando que el misterio es solo una de sus capas, la lectura resulta mucho más interesante. Porque Angie Kim consigue que terminemos preguntándonos no solo qué ha ocurrido con Adam, sino cuánto creemos conocer realmente a las personas que tenemos más cerca.

Una novela que mezcla misterio, drama familiar y reflexión sobre la discapacidad, la comunicación y la felicidad. No siempre mantiene el mismo ritmo y en ocasiones se excede en sus explicaciones, pero tiene algo que para mí resulta más importante: consigue que algunas de las preguntas que plantea continúen dando vueltas en la cabeza cuando terminamos de leerla.



La autora:

Angie Kim emigró desde Seúl, Corea del Norte, hasta los suburbios de Baltimore. Después de asistir a la Interlochen Arts Academy, estudió filosofía en la Universidad de Stanford y posteriormente en la Harvard Law School, donde fue una de las editoras de Law Review. Su primer novela, El juicio de Miracle Creek, ganó el Edgar Award, el ITW Thriller Award, el Strand Critics Award y el Pinckley Prize y fue elegida como uno los mejores libros del año por Time, The Washington Post, Kirkus Reviews y el programa Today. Angie Kim vive en Virginia con su familia.

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