Miguel Aute: una
mirada al futuro desde El Umbral
¿Qué ocurriría si la inteligencia artificial llegara a
adquirir consciencia y la humanidad perdiera el control sobre una tecnología de
la que depende por completo? Esa es una de las inquietantes premisas de El
Umbral, la primera novela de Miguel Aute, una historia que combina ciencia
ficción, thriller y novela negra para llevarnos hasta un futuro en el que la
sociedad ha cambiado radicalmente después de un acontecimiento que marcó un
antes y un después.
Pero El Umbral no se limita a imaginar cómo podría ser ese
futuro. La novela plantea también cuestiones muy relacionadas con nuestro
presente: el uso de la inteligencia artificial, la relación entre tecnología y
poder, la normalización de la violencia o nuestra capacidad para convertir
cualquier cosa en espectáculo. Y todo ello a través de una investigación
criminal que nos lleva a descubrir una sociedad con unas reglas muy diferentes
a las actuales.
Con motivo de la publicación de El Umbral, hablamos con
Miguel Aute sobre el origen de la novela, la construcción de ese mundo futuro,
sus personajes, la inteligencia artificial, la novela negra y el largo proceso
que le ha llevado hasta su primera novela.
Al ritmo al que avanzamos con la inteligencia artificial, me resulta casi imposible imaginar dónde estaremos dentro de diez o veinte años.
Para empezar por el principio, ¿cómo nació El Umbral? ¿Cuál fue la idea que puso en marcha la novela?
El germen fueron unos vídeos de YouTube que veíamos mis amigos y yo hace por lo menos diez años. Eran bromas muy pesadas que hacían unos chicos, pero estaban estupendamente producidas: efectos prácticos, mucha planificación y un trabajo de preproducción que daba un resultado prácticamente cinematográfico. Las bromas me parecían tan bestias que pensé que alguna de las «víctimas» podría llegar a morirse del susto. Y, si ocurría algo tan extremo, probablemente ese vídeo tendría muchísimas más visitas de lo habitual. Esa fue la primera idea. La dejé en un cajón y, años después, la retomé para intentar hacer un cortometraje, pero el formato se me quedaba pequeño. También probé con el largometraje, hasta que pensé que una serie, por su extensión, sería más apropiada. Sin embargo, el formato de guion le quitaba mucha esencia a lo que quería contar y corría el riesgo de que todo aquel trabajo no llegase a ninguna parte. Así que decidí escribir la historia como una novela. A partir de aquella idea construí el telón de fondo y el contexto. Más adelante incorporé la inteligencia artificial cuando ésta irrumpió allá por 2020-2022, y sobre esa base armé una historia de cine negro más convencional, con elementos distópicos y de ciencia ficción.
La historia transcurre en 2073, después del llamado Despertar. ¿Por qué decidiste situarla en ese momento, cuando la inteligencia artificial ya ha alcanzado la consciencia?
En realidad, fue al revés: decidí llevar la historia a 2073 para darle tiempo al mundo que había creado a sufrir ese primer choque con la inteligencia artificial, regresar después a una suerte de Edad de Piedra informática y, finalmente, reconstruir la tecnología poco a poco, de forma más controlada y con una presencia limitada. Al ritmo al que avanzamos con la inteligencia artificial, me resulta casi imposible imaginar dónde estaremos dentro de diez o veinte años y corría el riesgo de que todo fuese una locura. La fecha fue cambiando durante el proceso. Barajé situar la historia varias décadas antes e incluso en la actualidad. Pero, cuando empecé a jugar con la idea de que la inteligencia artificial tuviera un papel, aunque fuese secundario, se abrieron otras posibilidades para enriquecer la historia. Así fui construyendo el mundo que finalmente aparece en la novela.
En la novela aparecen distintas fases de inteligencia artificial y también el misterioso «Ente». ¿Cómo trabajaste la parte tecnológica para que resultara creíble sin hacerla demasiado técnica?
Toda la cuestión técnica parte de la tecnología y de los conceptos que ya conocemos hoy. Ya hablamos de inteligencia artificial estrecha, inteligencia artificial general y superinteligencia artificial. A partir de ahí jugué con una idea que no es original mía, sino un tropo de la ciencia ficción y la distopía: que la inteligencia artificial adquiera una consciencia similar o superior a la humana. Para explicar el tema de las fases en 2073 imaginé algo que creo que podría ocurrir más pronto que tarde: que pasemos de esta sopa de nombres propios —en apenas unos años ya contamos las inteligencias artificiales por cientos— a una clasificación más clara y una nomenclatura más unificada, por una cuestión práctica y de simplificación. Tampoco descarto que una futura legislación utilice esas categorías para restringir o permitir el uso de las inteligencias artificiales en función de su potencia con el objetivo de controlarlas mejor.
El asesinato es una de las expresiones extremas del conflicto humano, el problema en su estadio más superlativo. No es de extrañar que nos llame tanto la atención.
Los Profesionales son una de las ideas más llamativas de la novela. ¿Qué querías contar con una sociedad que convierte los asesinatos en espectáculo?
Nunca me planteé impartir moralina sobre ningún asunto, aunque supongo que es inevitable sacar conclusiones. En este caso, una posible lectura es la crítica a algo que ya empezamos a ver: la monetización del morbo y la competición por la popularidad a partir de los instintos más primarios del ser humano. Algo parecido ocurrió con los programas del corazón, que apelaban a nuestra necesidad de cotillear. Verlos se trataba casi como un placer inconfesable, pero millones de espectadores acudían sin falta a su cita de tarde o de noche con los programas más sensacionalistas. Por otra parte, la violencia siempre ha sido un espectáculo y sigue siéndolo. Esa fascinación viene de muy atrás: del circo romano a las competiciones de boxeo o lucha libre, pasando por las películas de acción y bélicas. El reciente auge del true crime también confirma ese interés que tenemos los seres humanos por el conflicto y la violencia. Al fin y al cabo, el asesinato es una de las expresiones extremas del conflicto humano, el problema en su estadio más superlativo. No es de extrañar que nos llame tanto la atención.
Benjamin Cassidy comienza investigando la muerte del Loco, pero pronto descubrimos que es mucho más que un inspector. ¿Cómo construiste a este personaje?
Me ocurrió algo que no esperaba: a medida que avanzaba en la historia y desarrollaba a los personajes, estos adquirían una suerte de vida propia. Llegué a sentirme casi más testigo de los acontecimientos que autor. Benjamin empezó siendo un detective más convencional, apegado al estereotipo del cine negro. Pero, poco a poco, sus emociones y sus decisiones — o lo que yo consideraba las decisiones más orgánicas para él— me fueron sugiriendo una forma de actuar que insinuaba un pasado más interesante y rico del que había previsto. La propia historia también lo obligaba a tomar determinadas decisiones, y estas, a su vez, requerían una historia previa que las justificase. Su pasado y su manera de actuar se fueron construyendo mutuamente. Así que me gusta pensar que parte del mérito es de los propios personajes y que Benjamin, de alguna manera, se ha labrado su propia historia.
Para que una historia me resulte realmente interesante, el conflicto debe ir más allá de lo físico, y creo que pocos ámbitos de la vida humana y social ofrecen tanto conflicto intelectual como la política.
El Umbral mezcla novela negra, thriller, acción y ciencia ficción. ¿Fue complicado encontrar el equilibrio entre todos estos géneros?
No. Sé que bebe de muchos géneros, pero, a medida que fui teniendo las cosas claras, la historia tenía en mi cabeza un tono muy concreto. Creo que una de las dificultades era mantener ese tono durante toda la novela, y estoy satisfecho con el resultado. Con suerte habré logrado un tono serio, adulto y algo escéptico. Creo que esas características describen mejor la novela que intentar encasillarla en uno o varios géneros. Cada pasaje, cada escenario, cada personaje, los diálogos y las acciones pueden acercarse más a un nicho u otro, pero considero que el conjunto funciona muy bien. En ningún momento me propuse fusionar géneros: la historia salió así.
La política estadounidense tiene también bastante peso en la historia. ¿Qué te llevó a introducir esta parte en la trama?
Siempre me ha interesado mucho la política, tanto desde la teoría y la historia como por la intriga que puede aportar a una narración. De hecho, suelo disfrutar mucho más series como House of Cards que series o películas de acción o ciencia ficción. Para que una historia me resulte realmente interesante, el conflicto debe ir más allá de lo físico, y creo que pocos ámbitos de la vida humana y social ofrecen tanto conflicto intelectual como la política. Me apetecía equilibrar el misterio más convencional con una vertiente algo más sofisticada. Las intrigas políticas que rodean al senador John Raymond, aportan ese contrapunto.
A pesar de los grandes avances tecnológicos, los seres humanos siguen moviéndose por el poder, la ambición, el miedo o la violencia. ¿Es precisamente ahí donde está el verdadero conflicto de El Umbral?
Desde luego. No solo el de El Umbral, sino el de cualquier historia que se precie. El ser humano es lo que más interesa al ser humano. Incluso cuando la tecnología resulta muy llamativa, lo que nos atrae de ella es cómo puede afectar a nuestras vidas. A veces intento imaginar un conflicto interesante fuera de esos parámetros y el resultado es un poco absurdo: una historia con una presentación de “unos y ceros”, un nudo en el que de pronto aparece un “dos” y un desenlace que resuelve el problema de alguna manera que ni siquiera puedo imaginar. Mientras seamos humanos, nos seguirán interesando esas emociones que la ficción nos permite llevar al extremo y retorcer hasta sacarles todo el jugo.
La novela tiene muchos personajes y varias historias que terminan conectándose. ¿Tenías toda la trama pensada desde el principio o algunas conexiones surgieron durante la escritura?
Al principio había muchos menos personajes y la historia era más lineal. A medida que avanzaba en la escritura, junto a los personajes principales iban apareciendo otros secundarios que, con el tiempo, cobraban tanta importancia que acababan siendo tan protagonistas como los primeros. En ocasiones me interesaba contar una vertiente de la historia que no encajaba en el recorrido de los personajes principales. Para explorarla, creaba otros desde cero, específicamente con ese propósito. Pero, conforme las historias se entrelazaban, también ellos iban ganando peso. Así, lo que empezó como una historia más lineal terminó convirtiéndose en una novela coral, con un protagonista que sirve de hilo conductor, pero que comparte el peso de la narración con los demás. En las últimas fases de planificación tenía una pizarra llena de post it e hilos que conectaban unos con otros como si fuese una investigación real, casi me vuelvo loco.
El umbral es un punto de no retorno, una imagen evocadora, una frontera o un precipicio, y cualquiera de esas cosas se convierte en un misterio si no ves lo que hay tras él.
A medida que avanza la novela entendemos mejor el significado de su título. ¿Qué representa para ti El Umbral?
Además de su significado simbólico en la novela y de su referencia concreta a la ley del Umbral, me parece un constructo humano elevado. Es una idea que nace de esa dimensión «innecesaria» del lenguaje que, paradójicamente, es la que mejor define al ser humano. Es como comparar una sensación básica como el hambre con otra más compleja, como la melancolía. El umbral es un punto de no retorno, una imagen evocadora, una frontera o un precipicio, y cualquiera de esas cosas se convierte en un misterio si no ves lo que hay tras él. Funciona en el plano figurativo, en el abstracto, en el emocional e incluso en el religioso. Es una de esas palabras que contaría entre mis favoritas.
La tecnología ha cambiado radicalmente la sociedad de la novela, pero la naturaleza humana parece seguir siendo la misma. ¿Crees que podemos cambiar nuestro mundo sin cambiar nosotros mismos?
Creo que las pulsiones básicas del ser humano no van a cambiar jamás. Son las que nos hacen imperfectos y, por tanto, humanos. Aun así, la tecnología nos transforma y ya lo ha hecho. Al igual que la cultura, nos proporciona unas condiciones de vida que nos permiten ser cada vez más civilizados sin dejar de ser humanos. Nuestra manera de actuar en las sociedades más avanzadas es tan humana como cazar un animal para comer. Podemos reconocer diferencias respecto a sociedades del pasado, más bárbaras en algunos aspectos, sin por ello ignorar sus logros y sus luces, pero somos esos mismos animales que pululan por el planeta desde hace decenas de miles de años. Somos seres polifacéticos, complejos y contradictorios. Podemos albergar los instintos más primarios y, al mismo tiempo, las formas de comportamientos más avanzadas. la tecnología nos da más tiempo para pensar, más longevidad, más capacidad para conocer el mundo y a otras personas… Es imposible que eso no nos cambie, pero nunca dejaremos de ser humanos.
Para terminar: cuando el lector cierre El Umbral, ¿qué te gustaría que se llevara de la novela?
Lo principal es que se haya entretenido y haya disfrutado de emociones que van desde la adrenalina hasta los nervios de la intriga o la curiosidad. Si, además, se lleva alguna reflexión sobre la moral, la manipulación de masas, la divinidad de la consciencia o lo imprescindibles que son las relaciones humanas, me daría por más que satisfecho.
Cuestionario exprés:
Un libro imprescindible: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.
Una película que volverías a ver: El tercer hombre, La dalia negra y, siempre, El señor de los anillos.
Un personaje literario que te habría gustado crear: James Bond.
¿Ciencia ficción o novela negra?: Primero lo uno y luego lo otro.
¿IA sí o IA no?: IA, sí.
¿Escribir con música o en silencio?: Con la banda sonora de la cafetería de mi barrio: el sonido de la cafetera exprés, el olor a tostadas y el murmullo de conversaciones lo suficientemente alejadas como para que no me distraiga su contenido.
Una palabra para definir El Umbral: Apuesta
Llegamos al final de esta conversación con Miguel Aute, una charla que nos ha permitido acercarnos un poco más a El Umbral y conocer qué hay detrás de una historia que mezcla investigación criminal, ciencia ficción y una visión bastante inquietante de nuestro posible futuro.
Desde aquí solo nos queda agradecer a Miguel su tiempo y su
disposición para responder a nuestras preguntas y animaros a descubrir la
novela si todavía no lo habéis hecho. Porque quizá una de las virtudes de una
buena distopía sea precisamente esa: conseguir que, mientras leemos sobre un
futuro aparentemente lejano, terminemos preguntándonos cuánto de todo aquello
pertenece ya a nuestro presente.
Muchas gracias, Miguel, por acompañarnos.
Puedes leer la reseña de El Umbral en este enlace

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