¿Te has preguntado alguna vez por qué no encuentras tu vino favorito en los lineales del supermercado?
Los que compramos vino habitualmente solemos hacerlo a través de las bodegas productoras y las tiendas especializadas, pero también acudimos a los supermercados en busca sobre todo de una buena relación calidad/precio que ayude a mantener el bolsillo. Y a veces echamos en falta que nuestros vinos favoritos no se encuentren en los lineales, o también que cada vez haya menos presencia de bodegas con un cierto prestigio y comiencen a aparecer marcas casi desconocidas, eso sí, a precios muy competitivos.
Hay cadenas como Mercadona, Aldi
o Lidl que apenas ofrecen vinos de bodegas reconocidas, y en el caso de Mercadona,
al menos en el que yo compro, la variedad de marcas es ridícula, no superando
la decena de marcas ni en tintos ni en blancos. Algo que puede llegar a parecer
incomprensible dada la cantidad de consumidores que usamos estos
establecimientos. En el caso de Aldi y Lidl ocurre lo mismo. La oferta de Carrefour
es bastante más amplia y añade el plus de ofrecer un lineal especial para vinos
de la zona donde se encuentra.
Te las explico en siete apartados de manera sencilla:
1. Quieren mantener una imagen de exclusividad
Una bodega que vende
principalmente en tiendas especializadas, restaurantes o directamente desde la
propia bodega puede construir una imagen de vino más exclusivo o de producción
limitada. Si de repente aparece en los lineales de Mercadona o Lidl, puede
percibirse como un producto más masivo. No significa necesariamente que el vino
sea peor. Es una cuestión de percepción del consumidor: "Si puedo encontrarlo en cualquier supermercado, deja de ser tan
especial."
Para determinadas bodegas, esa
percepción tiene mucho valor.
Este es probablemente uno de
los motivos más importantes.
Las grandes cadenas compran
cantidades enormes y tienen una capacidad de negociación considerable. Una
bodega puede encontrarse con que para entrar en una cadena tiene que ofrecer un
precio que reduce mucho su margen. Además, el supermercado puede utilizar el
vino como producto de atracción:
"Rioja reserva — 5,99 €".
Para una bodega que ha
invertido mucho en viñedo, elaboración, crianza, botella, corcho, etiqueta,
etc., vender a ese precio puede no tener sentido económico.
Esto es especialmente
delicado. Imagina que una bodega vende su botella:
Bodega: 12 €
Vinoteca: 13-15 €
Restaurante: 25-30 €
Y aparece el mismo vino en un
supermercado a 8,99 €.
El consumidor puede empezar a
preguntarse: "¿Por qué voy a pagar
14 € en una tienda especializada si lo encuentro por 9 €?" Y eso puede
perjudicar a los distribuidores y establecimientos que han ayudado a construir
la marca.
Hay bodegas que consideran que
el vino necesita explicación. Una botella puede tener detrás: una variedad determinada,
un viñedo concreto, una crianza particular, una historia familiar, una
elaboración artesanal, una filosofía de viticultura. En una vinoteca o
restaurante alguien puede explicárselo al cliente. En un supermercado,
normalmente la botella está junto a otras 50 o 100 y compite fundamentalmente
mediante precio, etiqueta y apariencia. Para algunas bodegas eso desvirtúa el
producto.
Este punto es bastante
importante y a menudo pasa desapercibido. Una bodega puede haber trabajado
durante años con determinadas vinotecas, restaurantes y distribuidores. Si
empieza a vender directamente a una gran cadena a un precio muy agresivo, puede
provocar conflictos con esos clientes. Por ejemplo: "Yo llevo diez años vendiendo tu vino y haciendo promoción de tu
bodega, y ahora el consumidor puede comprarlo más barato en el
supermercado." La bodega puede considerar que no compensa romper esas
relaciones.
Una pequeña bodega quizá
produzca 20.000, 30.000 o 50.000 botellas al año. Una gran cadena puede
necesitar una cantidad considerable y, además, garantizar suministro durante
todo el año. Para esa bodega puede ser más interesante vender 30.000 botellas a
través de restauración, vinotecas, exportación y venta directa, manteniendo un
precio mayor, que intentar entrar en una cadena de distribución masiva.
Hay bodegas que
deliberadamente quieren que su vino sea un producto de proximidad, territorio y
autor. No quieren convertirse en una marca de gran consumo. Es parecido a lo
que ocurre en otros productos gastronómicos: hay productores que prefieren
vender menos unidades, pero mantener determinado precio, público y forma de
comercialización.
Estar en Mercadona o Lidl no
tiene por qué desprestigiar un vino. De hecho, puede ser una oportunidad enorme
para una bodega. El problema aparece cuando la marca premium y el canal de gran
distribución entran en conflicto. Por eso algunas bodegas crean marcas
específicas para supermercados. El consumidor ve un vino aparentemente
independiente, pero detrás puede estar una bodega perfectamente reconocida.
Pero de ese tema hablaremos en
otro artículo.

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