Dicen que la literatura tiene la
capacidad de llevarnos a cualquier lugar del mundo sin movernos del sofá.
Nuestro invitado de hoy ha hecho precisamente de eso una de sus señas de
identidad. Aunque escribe desde Cartagena, sus novelas siempre cruzan fronteras
y nos trasladan a escenarios internacionales cuidadosamente construidos.
Pedro Aranda debutó con El ruido que nos separa, una novela que fue
finalista del Premio Icue de Cartagena Negra. Más tarde llegó Casi Chicago, y ahora presenta Psicodelia, mon amour, una obra ambiciosa que
nos sumerge en los Estados Unidos de los años cincuenta, en plena Guerra Fría,
para adentrarnos en una historia de conspiraciones, espionaje, asesinatos y
experimentos secretos inspirados en hechos reales.
Con un amplio reparto de
personajes, una estructura coral y un estilo muy personal en el que el humor
negro y el sarcasmo conviven con algunos de los episodios más oscuros de la
historia reciente, Psicodelia, mon amour
es una novela que no deja indiferente y que invita a conversar sobre
literatura, documentación, influencias y proceso creativo.
De todo ello vamos a hablar
durante los próximos minutos.
Pedro Aranda, bienvenido. Gracias
por acompañarnos.
Puede sonar hasta ridículo, pero mi inspiración vino de un mono
Esta es tu tercera
novela y la más ambiciosa hasta la fecha. ¿En qué momento supiste que Psicodelia, mon amour iba a convertirse en una historia de más de seiscientas páginas?
Desde el momento en que hice la
primera revisión del texto. Ya entonces tenía unas trescientas páginas y me
parecía una cosa exagerada, así que me obligué a recortarlo un poco. Pero como
me temía, en lugar de quitar, con cada relectura añadía cosas nuevas. Y como
revisé la novela unas cincuenta veces, pues así salió lo que salió. Suerte que
decidí parar, porque con ganas me quedé de darle un par de vueltas más al
asunto.
La novela parte de hechos
históricos reales relacionados con los experimentos de control mental durante
la Guerra Fría. ¿Cómo descubriste este episodio y qué fue lo que te hizo
pensar: "Aquí hay una novela"?
Puede sonar hasta ridículo, pero
mi inspiración vino de un mono. Mejor dicho, de la foto de un mono. Quiero
decir, que no era un mono real. Bueno, supongo que lo sería en algún momento,
pero no cuando yo lo vi. Yo andaba buscando una imagen para hacerme un cuadro para
mi casa, y vete tú a saber qué escribí para que me saliera la foto de un mono
fumando un puro. Y el artículo hablaba de que, durante la Guerra Fría, los
americanos habían mandado al mono en misión espacial secreta, del mismo modo
que los rusos habían mandado a la perrita esa, a Laika. Pero lo verdaderamente
interesante salía hacia el final del texto, donde indicaba que el mono había
regresado a La Tierra siendo muchísimo más inteligente que cuando se fue. A
ver… yo eso no sé si será verdad, porque desconozco cómo era de inteligente el
mono antes y cómo vino el pobre después, pero a mí me suena un poco extraño
todo.
El caso es que se cerraba el artículo diciendo que cuando murió nadie fue
capaz de encontrar su cuerpo. Y de esa historia tan absurda que, como digo, yo
no tengo ningún motivo para creer que es cierta, pero tampoco apostaría todo mi
dinero a que fuera falsa, saqué el argumento. Eso sí, dejé al mono en paz y
pensé qué hubiera sucedido si en aquellos experimentos de control mental de los
50, como era el MK ULTRA, alguno de los pacientes, después de haberlo
atiborrado a drogas psicodélicas y descargas eléctricas, hubiera desarrollado
altas capacidades.
Me permito abrazar la mayoría de las teorías conspirativas que flotan hoy en día en el ambiente en relación a aquella época
Aunque el lector encuentra
personajes ficticios, el contexto histórico está muy documentado. ¿Dónde
termina la realidad y dónde empieza la ficción en Psicodelia, mon amour?
Claro, aquellos experimentos
fueron reales, y es el decorado que uso en la novela, pero todo lo demás (y,
por favor, remárcalo bien grande) es inventado, o al menos, eso es lo que pongo
al principio del libro, no me vaya a meter en un lío, o algo peor, como que
algún espía ruso me meta sin que me dé cuenta una pastilla de polonio
radiactivo en el café de un bar mientras me entretengo leyendo el horóscopo de
alguien.
Y, bueno, además, me permito abrazar la mayoría de las teorías conspirativas
que flotan hoy en día en el ambiente en relación a aquella época, como
sospechosas muertes de según qué actores o cantantes por, supuestamente,
pasarse con los barbitúricos y tener accidentes automovilísticos, o la llegada
del hombre a La Luna, por citarte algo. Luego hay referencias a élites de poder
que manipulan a la sociedad con sus lobbies, asesinos programados para quitarse
de en medio a determinados objetivos y cosas así. No sé, así contado parece
todo muy real, ¿verdad?
La historia combina thriller,
novela negra, espionaje, drama familiar e incluso humor. ¿Fue complicado
mantener el equilibrio entre géneros sin que ninguno se impusiera sobre los
demás?
Extrañamente, no. Lo que más me
costó fue, en realidad, balancear el lenguaje. Quiero decir, yo quería que el
lector no empatizara con, prácticamente, ninguno de los muchos personajes que
salen en la novela, y claro, para ello, tenía que otorgarle unas cualidades miserables
a todos, principalmente a los malos. Y eso pasaba por usar un vocabulario soez,
rozando lo desagradable e incorrecto en muchos casos. Pero yo también soy
lector, y a mí algo que me resulte incómodo a la vista, lo rechazo y lo termino
abandonando, así que lo compensé con ciertas dosis de humor. Grosero, eso sí,
pero humor al fin y al cabo. Siempre cito un comentario que leí en una reseña y
que me gustó especialmente, que decía la persona que se reía leyendo la novela,
y que se sentía mal por hacerlo.
Una de las características de tus
novelas es la estructura coral. En esta ocasión conviven personajes como George
Harvey, Roscoe Baker o Triple T. ¿Cómo construyes un reparto tan amplio sin
perder de vista el hilo principal?
Es que todos son parte del hilo
principal, lo que pasa es que unos duran más y otros menos en la novela.
Depende del hombre de amarillo… Pero todos están conectados y se
necesitan entre sí. Lo que ocurre, y yo lo sé, es que hoy en día estamos
acostumbrados a leer novelas donde tengamos al policía principal, totalmente
devastado por un pasado que se vislumbra a cuentagotas mientras lucha por dejar
la bebida, y su compañera ultra inteligente, a la par que tímida, a la que
asignan contra su voluntad y que al principio no se soportan, pero que luego se
nos enamoran, mientras un asesino va matando a gente sin parar, y el jefe de
los policías se pone de los nervios porque no lo atrapan, pero casualmente al
final es el malo. Y a partir de ahí, todas las derivadas.
Es el mismo libro una
y otra vez, cambiando los roles, como esa idea de la new age que está
tan de moda ahora, que dice que vivimos en un ciclo infinito donde cada vez que
morimos nos reencarnamos en la misma familia, pero ocupando un puesto distinto.
Es decir, que donde antes eras el hijo, en tu nuevo nacimiento eres la madre, y
al siguiente la abuela. Y mientras un consejo de almas te evalúa, tienes un
ángel de la guarda, que bien podría ser el tío de tu tatarabuelo, que te guía
durante el proceso. Claro, yo he querido darle un poco la vuelta a eso y
obligar a grandes dosis de concentración para no perderse con tanto personaje,
que sé que no es fácil. Y más en estos tiempos de redes sociales y videos
cortos, donde prima la inmediatez y llegar al final en quince segundos.
Por
eso, siempre digo que esta novela es como una etapa de montaña, donde la
primera parte es un puerto empinadísimo que muchos terminarán abandonando, la
segunda parte es un llano para relajar las piernas pero que alguno pondrá el
pie en el suelo, y la tercera es una bajada a toda velocidad, a modo de
recompensa para los pocos que todavía hayan seguido en la carrera.
El argumento se basa en los experimentos de control mental a los que sometieron, contra su voluntad, a ciudadanos americanos
George Harvey es un personaje
marcado por la violencia familiar y la huida, mientras que Roscoe Baker
representa la mirada del periodista y Triple T la del propio sistema. ¿Buscabas
mostrar la misma historia desde diferentes perspectivas?
Todos tienen algo en común, y es
que ninguno es feliz. Pero en realidad, cada uno tiene su historia diferente y
cumple su función en la novela. Es como un equipo de fútbol. Ya me gustaría a
mí que tuviera once Fernando Redondos (perdona por usar una referencia tan
noventera, pero es que lo de ahora no es futbol, es atletismo), pero también
necesito, para mi desgracia, un defensa que corte los ataques y un delantero
que meta los goles.
En este caso, el argumento se basa en los experimentos de
control mental a los que sometieron, contra su voluntad, a ciudadanos
americanos, así que necesito a esos ciudadanos americanos, a quienes los
secuestran, a los médicos que los torturan, a los clubes de poderosos que han
diseñado esos programas, etcétera. Lo que ocurre es que, en lugar de ceñirme a
lo que hacen todos ellos, doy un paso atrás y cuento cómo han llegado hasta
allí. Es decir, que no pongo a Fernando Redondo a jugar directamente con el
número 5 en la camiseta del Real Madrid, sino que cuento cómo era en Argentinos
Juniors y en el Tenerife, y qué ha desayunado antes del partido.
Las tres novelas que has
publicado tienen un rasgo en común: ninguna está ambientada en España. ¿Es una
decisión consciente? ¿Qué encuentras en escenarios como Estados Unidos que no
te ofrecen otros contextos?
Digamos que he visto
infinitamente más películas que libros he leído. Yo crecí en los 80, la mejor
época sin duda del cine, y claro, mis referencias son todas americanas, unas
más cool y otras más casposas, pero posiblemente no se ha rodado una
sola película en aquella década que no haya visto. Bueno, las de la sección esa
apartada de los videoclubs no, pero básicamente porque no tenía edad para que
me dejaran entrar a cogerlas, sino otro gallo cantaría. Y porque a mis padres
no creo que les hubiera hecho mucha gracia, supongo. Y, bueno, en aquella
época, las películas españolas, con perdón, no eran muy buenas, salvo alguna
creo recordar de Antonio Ozores, Pajares y Esteso, que robaban un banco con un
niño pequeño, creo. Esa sí me gustó. Lo que te quiero decir, es que mi mente ya
ha sido programada, siguiendo el hilo narrativo de la novela, en una
determinada dirección y no cabía otra posibilidad que ambientar las historias
allí.
En Psicodelia, mon amour
recreas con detalle la América de los años cincuenta: el macartismo, la Guerra
Fría, la paranoia política… ¿Qué importancia tiene la ambientación en tu manera
de escribir?
Como decía antes, es simplemente
el decorado. Claro, tiene cierta influencia en el sentido de que no puedes
decir que el protagonista le ha dado un like en Instragram a la chica que le
gusta, y cosas así, pero yo es que en realidad soy muy analógico y pertenezco a
la generación X, luego no me cuesta demasiado recordar cómo era de niño y
llevarlo al lado más extremo para recrear décadas incluso anteriores. Piensa
también que la Guerra Fría duró hasta principios de los 90, creo recordar, y
muchas de las películas de las que hablaba antes eran unas americanadas
importantes para sacar músculo ante los rusos, así que el proceso de escritura
me resultó muy natural, simplemente echando la vista atrás.
Con El ruido que nos separa
ya quedó claro tu gusto por las historias en las que personajes aparentemente
inconexos terminan cruzando sus caminos. ¿Crees que esa es ya una de tus señas
de identidad como narrador?
Definitivamente, pero no es algo
premeditado en el sentido de que diga “voy a hacerlo así”. Es pura necesidad.
No soy muy constante escribiendo, así que la única manera que tengo de terminar
una novela es haciendo pequeños relatos y luego cerrando el ordenador, hasta
que al día siguiente empiezo con otra historia de otro personaje, y así hasta
que me veo con fuerzas de retomar alguno de los capítulos anteriores. Y luego
en el libro salen plasmados los capítulos en el mismo orden en el que los he
escrito, no es que los escriba del tirón, los trocee y luego los disperse como
si fueran las fichas de un puzle a ordenar. La diferencia en este caso es que,
siendo que cada día encendía la pantalla sin saber lo que iba a escribir, sí
tenía claro qué personaje tocaba y cómo quería que terminara cada capítulo. Por
oposición, mis dos anteriores novelas fueron un auténtico caos. Escribía sin
tener ni la más remota idea de lo que iba a pasar. Supongo que dependía de cómo
había pasado el día. Si recibía un mensaje de… Bueno, dejémoslo ahí, si recibía
simplemente un mensaje que me gustaba, salvaba al personaje en cuestión; si el
mensaje no era de mi agrado, el pobre acababa como acababa, y si simplemente me
dejaban en visto, el capítulo era aburrido de narices. Por ponerte un ejemplo,
claro. No lo vayas a tomar al pie de la letra.
Tu primera novela, El ruido
que nos separa, fue finalista del Premio Icue de Cartagena Negra. Mirando
atrás, ¿qué ha cambiado en tu forma de escribir desde aquel debut hasta esta
tercera novela?
Siempre digo que creo que he
ganado en pausa. Quiero decir, El ruido que nos separa era una canción
con solo estribillo, sin puente ni estrofa. Algo así como una canción de Daft
Punk. Luego, Casi Chicago era la escena final de El bueno, el feo
y el malo, donde ralenticé al máximo cada capítulo pero, espero -o esa era
mi intención-, sin dejar caer la intensidad. Y ahora tengo que buscar un símil
para Psicodelia, mon amour. Creo, sinceramente, que es una novela que va
a gustar infinitamente más la segunda vez que la lees, que la primera. Así que
bien podría ser como esa foto que encuentras en el salón de casa de tus padres
y que cada vez que la ves observas un detalle nuevo en el que no habías
reparado antes.
Nos dicen que hay libertad de pensamiento, pero siempre y cuando esa libertad de pensamiento te permita elegir únicamente entre las opciones que ellos quieren que escojas
En varias entrevistas has citado
a autores estadounidenses como Salinger, Raymond Carver, Richard Ford o David
Foster Wallace. ¿Qué has aprendido de cada uno de ellos y qué crees que ha
terminado filtrándose en tu propia narrativa?
Aprender, he aprendido mucho.
Poner en práctica, claramente nada. De Salinger siempre he admirado lo
enigmáticos que son sus personajes, no solo Holden Caulfield, claro, de El
guardián entre el centeno, sino incluso más todos aquellos que salen
en su libro de relatos. De Raymond Carver y Richard Ford, es decir, de papá y
mamá, a cómo disfrutar de la historia sin esperar a llegar al final del cuento,
y a que cada uno se imagine qué viene después. Y de Foster Wallace su sentido
del humor. A ver, me has citado a la crema del panorama literario con el que yo
crecí, aunque es cierto que luego han llegado otros autores que te diría que me
han llegado a gustar más. Pero al final me pasa como la música. Ya no escucho a
U2, Guns N’ Roses, Depeche Mode, Héroes del Silencio, Pearl Jam, Radiohead o
Cranberries, que durante muchos años han sido mis bandas de referencia, pero lo
cierto es que cuando cualquiera de ellas suena de casualidad en la radio del
coche, le pego un manotazo a quien esté a mi lado si veo que quiere cambiar de
dial.
Más allá del suspense, la novela
plantea cuestiones sobre el poder, la manipulación, la identidad o los límites
de la ciencia. ¿Hay alguna pregunta que quisieras que el lector siguiera
haciéndose después de cerrar el libro?
Sí. ¿Llegó el hombre a La Luna? ¿Mató Lee Harvey Oswald a JFK?
¿Se pasó Marylin Monroe con los barbitúricos? ¿Saltó
realmente Frank Olson de aquel edificio de Manhattan? Bueno… en realidad, más
que una pregunta, lo que lanzo es una reflexión. ¿Por qué da tanto miedo el
debate? Mira, estos días ha salido una recreación en 3D de la NASA con la forma
real del planeta, y es una cosa rarísima. Quiero decir, hace décadas era una
esfera perfecta, luego nos dijeron que achatada por los polos, y el engendro
que han sacado ahora es tan sumamente feo que ha provocado que la gente diga
que al final va a ser plana de verdad. Yo no creo que sea plana, pero me
interesa mucho saber por qué hay personas que lo piensan y cuáles son sus
argumentos. Sin embargo, no verás nunca un debate científico en la televisión
sobre ello, o si lo hay, invitan de la otra parte a algún friki al que intentan
ridiculizar, en lugar de llevar a expertos que puedan debatir. Lo mismo ocurre
con la prensa. Solo atendemos a los medios de comunicación que nos den la razón
y nos digan lo que queremos oír. Nos dicen que hay libertad de pensamiento,
pero siempre y cuando esa libertad de pensamiento te permita elegir únicamente
entre las opciones que ellos quieren que escojas.
En definitiva, la reflexión
que hago es por qué en todos los aspectos de la vida, nos tienen divididos en
dos bandos y si no hay acaso un interés para que eso sea así.
La documentación histórica parece
muy exhaustiva. ¿Cuánto tiempo dedicaste a investigar antes de empezar a
escribir y hubo algún descubrimiento real que te sorprendiera especialmente?
No te creas que me llevó tanto
tiempo, porque desde hace años me ha interesado mucho el proyecto MK-ULTRA y he
leído bastantes libros y artículos sobre ello. En cualquier caso, no es un
libro histórico. Como ya he comentado antes, es simplemente el telón de fondo.
Se trata de una novela pura de personajes, los cuales son todos inventados.
Pero por no dejarte sin responder, me llamó mucho la atención cuando leí hace
años el episodio de la contaminación del pan en aquel pueblo de Francia que usó
la CIA como cobaya para comprobar los efectos del LSD en la población.
Por otro
lado, tenemos también el motivo fundamental por el que surgió este proyecto de
control mental, que era básicamente programar asesinos. Es decir, que un día tú
estés tumbado tranquilamente en la playa rellenando un libro de sudokus, y de
pronto la combinación de números que ves en el papel haga un click en tu
cerebro y te levantes con el boli y se lo claves en el cuello al tipo de la
sombrilla de al lado, que, casualmente, es un periodista que acaba de publicar
un artículo en contra de, por decirte algo, las ventajas del coche eléctrico. Y
luego vuelvas a tu toalla a seguir con el sudoku que tienes a medias y te
vuelvas loco buscando dónde has dejado el boli. Y que tres sombrillas más a la
izquierda, haya alguien que sospechosamente se meta en el agua con la misma sonrisa
con la que un vendedor de coches de segunda mano cierra un trato.
Tus novelas suelen escapar de las
etiquetas. ¿Te consideras un autor de novela negra o prefieres pensar que
utilizas el thriller como vehículo para contar otro tipo de historias?
Es que a mí, de hecho, me cuesta
horrores cuando la gente me pregunta de qué género son mis libros, porque todo
el mundo entiende que es novela negra, y yo siempre digo que son historias de
amor. O de desamor, mejor dicho. A ver, claramente, Casi Chicago no es
novela negra, aunque entiendo perfectamente que alguien pueda catalogar así a El
ruido que nos separa y Psicodelia, mon amour. En realidad, si te
fijas, utilizo siempre un decorado y a partir de ahí desarrollo las historias
de los personajes. En El ruido que nos separa fue un combate de boxeo y
los bajos fondos que lo rodeaban, con sus apuestas clandestinas y amaños. Casi
Chicago era claramente una road movie bastante underground, y
en Psicodelia, mon amour utilizo la paranoia que reinaba en América
durante la Guerra Fría con el temor a que los soviéticos les lanzaran una bomba
atómica. Siempre digo que en series como Perdidos o Expediente X,
a mí realmente me importaba bastante poco la trama. Jamás presté atención a eso
del humo negro o si algún extraterrestre se había despistado y su nave había
caído en el desierto de Arizona. Lo que verdaderamente me llamaba la atención era
la relación entre personajes, de ahí que fuera una de las cinco o seis personas
en todo el mundo al que le encantó el final de Lost.
Después de haber ambientado tus
tres novelas fuera de España y de haber pasado por escenarios y épocas tan diferentes,
¿te ves escribiendo algún día una historia situada en Cartagena o en España, o
ese "viaje" al extranjero forma ya parte de tu identidad como
escritor?
Para empezar, no tengo claro que
vaya a seguir escribiendo. O al menos, no a corto plazo. De media me sale que
publico un libro cada tres años. Quizás el cuarto, si lo hubiera, se demora
algo más. Una vez dije que iba a escribir tres libros en mi vida, y que los dos
primeros pasarían totalmente desapercibidos, y el tercero sería un bombazo. De
momento, con los dos primeros he acertado, así que ahora estoy esperando a que
termine de ocurrir la predicción que hice con el tercero hace seis o siete
años. Aunque conforme van pasando las semanas, ya tengo dudas de si realmente dije
eso o si fue que escribiría cuatro libros y eran los tres primeros los que
pasarían desapercibidos. Ya no me acuerdo, la verdad. Lo cierto es que tengo
una historia rondando por mi mente que algún día me gustaría escribir. De
hecho, tengo dos, y lo que estoy tratando es de ver cómo combinarlas para solo
tener que escribir un libro, porque la poca mecha que me queda no me da para
los dos. Pero es que no veo la manera de que encajen. En cualquier caso, creo
que la historia volverá a estar ambientada en Estados Unidos. Como decía, mi
cerebro fue programado en los 80 para que sea así.
Cuestionario express:
Un lugar para
escribir:
Siempre inicio las novelas en el patio de mi casa, en una
mesa alta y una silla dura e incómoda, a plena luz del día. Después las corrijo
en el salón, en un sofá bajo y cómodo, con la luz apagada. Con lo primero
consigo que los personajes me salgan desagradables. Con lo segundo, que la
historia sea fácil de leer.
Un personaje que le hubiera gustado crear:
Drácula.
Una influencia literaria:
Ray Loriga.
Un libro al que
siempre vuelve:
Corazón salvaje, de Barry Gifford.
Un tema del que no
escribiría nunca:
Crecimiento personal y cosas así.
¿Final honesto o
final feliz?
Abierto, y que cada uno se lo imagine a su manera.
Pedro, ha sido un auténtico placer compartir este tiempo
contigo y conocer un poco mejor todo lo que hay detrás de Psicodelia, mon amour.
Te agradecemos que hayas compartido con nosotros el proceso
creativo de una novela tan ambiciosa y te deseamos el mayor de los éxitos en
esta nueva etapa. Estamos seguros de que los lectores disfrutarán recorriendo
ese universo tan singular que has creado.
Ha sido un placer tenerte con nosotros. Muchísimas gracias
por la visita.
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