Psicodelia mon amour, de Pedro Aranda

 Sinopsis:

En plena Guerra Fría, en un antiguo hospital psiquiátrico ubicado en algún lugar secreto de Nuevo México, un grupo de científicos lleva a cabo experimentos de control mental con civiles a los que sus familias han dado por muertos. Al frente del proyecto se encuentra un antiguo director de la CIA, que logra ocultar al Pentágono las verdaderas intenciones de sus operaciones. Pero justo cuando encuentran al candidato perfecto, los servicios de contraespionaje detectan la presencia de un infiltrado soviético en el corazón del programa. Con un ritmo vibrante de tintes cinematográficos, Psicodelia, mon amour conjuga una trama desquiciante llena de personajes inolvidables, humor negro y grandes dosis de violencia en una de las novelas más adictivas y siniestras de los últimos tiempos.

Reseña:

Con Psicodelia, mon amour, Pedro Aranda confirma algunas de las señas de identidad que ya aparecían en sus dos novelas anteriores: una clara querencia por las historias corales, escenarios alejados de España y una narrativa muy influenciada por la literatura norteamericana. Si en El ruido que nos separa y Casi Chicago ya viajábamos al extranjero, en esta ocasión el autor nos traslada a los Estados Unidos de los años cincuenta, en plena Guerra Fría, para construir un thriller inspirado en los programas secretos de experimentación y control mental impulsados por el Gobierno estadounidense.

La ambientación es, probablemente, uno de los mayores logros del libro. La paranoia del macartismo, los servicios de inteligencia, los laboratorios clandestinos y la tensión política están magníficamente recreados. No es un simple decorado; es el motor que impulsa toda la novela.

Quien espere un thriller clásico quizá se lleve una sorpresa porque la conspiración, los asesinatos y los experimentos científicos son el punto de partida, pero el verdadero interés del autor parece estar en otra parte: en las personas. Pedro Aranda dedica buena parte del libro a construir la biografía de sus personajes, profundizando en sus miedos, traumas, relaciones familiares y pequeñas miserias cotidianas.

Y ahí reside, al mismo tiempo, una de las grandes virtudes y uno de los principales inconvenientes de la novela.

Prácticamente todos los personajes terminan contando una historia de su pasado. Esa historia conduce a otra, que a su vez explica una tercera, en una estructura que recuerda a una matrioska: relatos dentro de relatos que van enriqueciendo el universo narrativo. El recurso funciona muy bien en numerosas ocasiones, porque dota de humanidad a los personajes y hace que el lector termine conociéndolos mucho más allá de la función que desempeñan en la trama. Pero también provoca que el relato se detenga una y otra vez, alejándose de la acción principal. Llega un momento en que uno tiene la sensación de que casi todos los personajes protagonizan su propia novela dentro de la novela.

Algo parecido ocurre con el tono. Psicodelia, mon amour habla de asuntos extraordinariamente serios: asesinatos, abusos de poder, experimentos con seres humanos, corrupción institucional o las sombras de la Guerra Fría. Sin embargo, Pedro Aranda parece negarse a adoptar un tono solemne. Siempre hay un comentario irónico, una situación absurda, un diálogo cargado de sarcasmo o un episodio de humor negro que desmonta la tensión dramática que acababa de construir.

Es un recurso deliberado y, de hecho, termina convirtiéndose en una de las marcas de estilo del autor. Personajes excéntricos, conversaciones disparatadas y un humor que roza a menudo el esperpento hacen que la novela tenga una personalidad muy reconocible. Ahora bien, ese contrapunto humorístico aparece con tanta frecuencia que, en algunos momentos, resta fuerza emocional a escenas que quizá habrían ganado intensidad si el autor hubiera permitido al lector permanecer un poco más en el drama antes de romperlo con una broma o una situación grotesca.

También llama la atención la enorme cantidad de personajes que desfilan por sus páginas. Lejos de convertirse en simples comparsas, casi todos están cuidadosamente construidos y poseen una voz propia. Ese es, seguramente, uno de los mayores talentos de Pedro Aranda: escribir personajes. Cuando se cierra el libro, es más fácil recordar a George Harvey, Roscoe Baker o Triple T que la propia mecánica de la conspiración que articula la historia.

Psicodelia, mon amour es una novela diferente dentro del panorama español. Ambiciosa, muy documentada y escrita con una evidente pasión por la literatura estadounidense, confirma la evolución de Pedro Aranda desde aquel "El ruido que nos separa", finalista del Premio Icue de Cartagena Negra, hasta esta obra de mayor envergadura. Creo que es una obra valiente y con una personalidad muy marcada. Y eso, en tiempos de historias cada vez más parecidas entre sí, termina siendo una de sus mayores virtudes.

Psicodelia, mon amour


El autor:

Pedro Aranda (Cartagena, 1979) es un ingeniero industrial y escritor español de novela negra, conocido por sus obras de suspense psicológico cargadas de culpa, redención y un marcado humor negro. Ha logrado posicionarse en el panorama literario actual tras ser nominado al premio Icue Negro en el festival Cartagena Negra por su primera novela, “El ruido que nos separa”. Después publicó “Casi Chicago” y ahora regresa con su novela más ambiciosa, “Psicodelia, mon amour”

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