Hay novelas que se construyen desde la trama y otras que nacen desde el personaje. Bacon, de Annika Brunke, parece pertenecer a este segundo grupo. Ganadora del II Premio Alexis Ravelo de Novela Negra, la novela sitúa el crimen en Las Palmas de Gran Canaria, pero desplaza el foco hacia aquello que no siempre se ve: el cuerpo, la herida, la memoria y los gestos cotidianos que sostienen a quienes habitan la historia. Quedamos con Annika (virtualmente) en el obrador de la pastelería de Betty para hablar sobre el proceso de escritura, los personajes, la ciudad, la cocina como lenguaje narrativo y la respuesta de los lectores ante una novela que incomoda sin dejar de ser cercana.
El origen fue una foto de una mujer gorda muy bien vestida con cara de mala leche y una tarta delante
Bacon comienza con una imagen impactante. ¿Qué querías que sintiera el
lector desde ese primer momento y cómo esa escena condicionó el resto de la
trama?
Suelo empezar con un prefacio
jugoso, con una pincelada de lo que está por llegar. Se suele decir que el
primer párrafo de una novela es el más importante no solo porque sienta el
precedente narrativo sino porque debe enganchar al lector. Yo tenía muy claro
que quería poner las cartas sobre la mesa. En el prefacio Betty ya admite una
muerte, aunque no se especifica cuál.
¿La historia nació primero como una idea de trama policial o fue el
personaje de Beatriz “Betty” Mantecas lo que te llevó a construir la historia
alrededor de ella?
El origen fue una foto de una
mujer gorda muy bien vestida con cara de mala leche y una tarta delante. De
inmediato fue un “wow”. Supe al verla que sería la villana de mi novela. El
resto lo construí a continuación y desde ella.
¿Hubo un punto de inflexión durante la escritura en el que supiste que
la novela debía servir al desarrollo del personaje más que al simple
rompecabezas de la investigación?
No de forma consciente. Siempre
ocupo muchas páginas en dar a conocer qué sienten y piensan los personajes
principales. Me siento cómoda explorándolos, sobre todo si son los villanos,
dan mucho más juego. Pero trato de alternar investigación policial/judicial con
el tema psicológico. Lo que ocurre con Bacon es que Betty es tan arrolladora
que acaba por invadirlo todo.
Betty Mantecas ha sido muy comentada por su fuerza, vulnerabilidad y
voz propia. ¿Cómo surgió este personaje y en qué medida se diferencia de ti o
de otros personajes que has escrito?
El nacimiento de Betty, como
comentaba antes, surgió como tantas otras cosas, por casualidad. Su forma de ser
es el histrionismo absoluto con grandes dosis de trastorno límite de la
personalidad. Creo que Betty es el personaje más carismático que he escrito. Es
una villana con la cual puedes empatizar aunque notes desde el principio que
tiene una pedrada importante. Es frágil pese a fingir fortaleza. Una víctima
convertida en verdugo.
¿Cómo construiste la relación entre Betty y los otros protagonistas
(Mara Ramírez y Aitor Ibarra), y qué buscabas explorar con ese trío tan
particular?
La verdad es que no quería que
hubiera una sola mujer gorda. No quería el estereotipo de gorda loca asesina.
Por eso surgió el personaje de Mara. Ella y Betty son, si me apuras, las dos
caras de la misma moneda, dos lados de un espejo. Ambas han vivido situaciones
similares pero las han interiorizado y resultado en personalidades diferentes.
Aitor es el que pone paz entre ellas, la masculinidad bien entendida, el
equilibrio necesario.
Como mujer gorda que antes fue adolescente gorda, y antes una niña gorda creo que visibilizar es importante.
En una entrevista has dicho que las protagonistas son mujeres con
cuerpos alejados de estereotipos convencionales, y que eso tiene un porqué en
tu escritura. ¿Qué importancia tiene esta decisión para ti?
Como mujer gorda que antes fue
adolescente gorda, y antes una niña gorda creo que visibilizar es importante. A
mí me hubiera gustado leer historias en mi juventud en las cuales la chica
gorda no fuera la amiga simpática de gran corazón que se lleva al chulazo por
su bondad y personalidad, pese a que al final acaba adelgazando y cumpliendo su
sueño de ser feliz. Me hubiera gustado que las protagonistas me representaran.
Que si el o la asesina mataba no fuera por ser un acomplejado sino por mil
motivos más. Que la gordura no se utilizase como un arma arrojadiza, ni fuera
algo terrible que justificara cualquier suceso.
Has defendido que la novela negra “impacta más cuando sucede en tu
ciudad”. ¿Qué aporta colocar la historia en Las Palmas de Gran Canaria a la
atmósfera y al tono del relato?
Para los canarios espero que una
punzada de desasosiego, un gesto de mirar a la espalda por si aparece la
asesina. Para el resto de lectores quizá represente una ventana a una ciudad
que es mucho más que un destino vacacional. Cuando vives en una isla con una
temperatura media anual de 24°C eres consciente de que la mayor parte de la
gente solo viene de vacaciones, no se suele asociar con el crimen por una meta
cuestión comercial.
¿Qué lugares o rincones de la ciudad son clave para entender a fondo
Bacon, y por qué decidiste que fueran parte de la narrativa?
Las calles del barrio de Triana
sin duda, pero esa ruta localizando cámaras de vigilancia por la zona de La
Isleta es crucial. Al igual que Mara y Betty, que son los dos extremos de una
personalidad muy similar, también Triana y La Isleta (como los extremos
históricos de la ciudad) refleja ese contraste en la narrativa.
La pastelería y las recetas están muy presentes en la novela. ¿Qué
función cumplen estos elementos dentro de la narrativa más allá de la
ambientación culinaria?
Para Betty los postres lo son
todo. El dulce es su forma de expresarse, incluso la receta es más o menos
elaborada según su estado de ánimo. En ese dulce se sustenta su vida entera. No
solo es su proyecto de vida, su sueño, su pasión, sino también su vía de
escape. Sin el dulce Betty volvería a su origen, a quien nunca quiso ser.
¿Fue complicado integrar referencias de cocina dentro de una historia de crimen sin que resultaran anecdóticas o desconectadas de la trama principal?
Me gustó mucho poderlo combinar.
Creo que le aporta un punto diferente y además rebaja el dramatismo de la
trama. Como suele decirse: a nadie le amarga un dulce.
¿Crees que ese uso de lo sensorial (sabores, olores, texturas) ayuda a
acercar al lector a la psicología de Betty o a la experiencia de los
personajes?
Bueno, con sus explicaciones de
cada receta tienes la oportunidad de conocer sus preocupaciones, sus anhelos,
sus miedos. Ella cuando cocina se desnuda emocionalmente, baja la guardia. No
es ella misma sino la mujer que siempre quiso ser.
Bacon ganó el II Premio Alexis Ravelo de Novela Negra por su propuesta
original y fresca. ¿Qué significó este reconocimiento para ti como autora y
para este libro en particular?
Teniendo en cuenta que la escribí
específicamente para el premio, es todo un regalo. Un honor, sin duda. También
tiene un añadido de angustia, es complicada la comparativa, y la auto exigencia
se recrudece.
Me emociona la opinión de aquellos que han entendido a Betty más allá de lo que pueda parecer
¿Cómo ha influido el premio en la visibilidad de la novela,
especialmente fuera de Canarias?
Es mucho mayor, por supuesto.
Descoloca un poco. El otro día me contactaban desde México para comentarme
sobre la reunión de un club de lectura que había iniciado Bacon. Otro en
Madrid, otro en Tenerife… Da un poquito de vértigo, pero es una maravilla se
mire desde dónde se mire.
¿Qué tipo de comentarios de lectores te han llegado desde la publicación
y cuál te ha sorprendido o emocionado más?
En general ha sido positivo.
Aunque obviamente hay gustos dispares y alguna que otra reseña me ha hundido en
la mayor de las miserias, pero la respuesta general es buena. Betty es uno de
esos personajes que inspira adoración u odio, ella no es de medias tintas y
casi lo prefiero. Al final se trata de visibilidad, en cualquiera de sus
variantes. Me emociona la opinión de aquellos que han entendido a Betty más
allá de lo que pueda parecer. Los que han empatizado con ella.
¿Ha cambiado alguna de tus ideas sobre la novela después de leer
reseñas o impresiones de lectoras y lectores?
Creo que mis historias son lo que
son. Si en aquel momento me pareció adecuada, no soy de machacarme demasiado
por no haber hecho esto o aquello. Suelo dejar esa resolución en manos de una
secuela.
¿Qué nuevos proyectos tienes entre manos tras Bacon? ¿Hay alguna idea
que se relacione con los temas o personajes de esta novela?
Mi cabeza siempre está maquinando
algo. Me gustaría poder retomar al equipo investigador en una nueva trama,
aunque ahora esté más centrada en escribir una novela de terror inspirada en la
época esclavista en Canarias.
Tras escribir varios libros y sagas, ¿hay algún terreno que aún te
intrigue explorar en futuros trabajos?
El terror como comentaba, por no
haberme lanzado antes. La fantasía. En algún momento me ha rondado la cabeza
algo en plan true crime, no ficción. Son tantas las ideas…
Cuestionario express.
Un olor que defina la novela
El olor que emana de una sartén
en la que salteas manzanas con canela y azúcar.
La banda sonora la pondría…
Nat King Cole, sin duda.
¿Será Bacon parte de una trilogía o saga?
Es el inicio muy digno de una
historia que puede seguir.
Un lugar ideal para escribir
El sofá de mi casa.
Un tema del que nunca escribiría
Ciencia Ficción. Los alienígenas
me dan sopor.
Un personaje de ficción con el que le gustaría cenar
Annie Wilkes de Misery.
Un libro que siempre recomiendas
El perfume de Süskind y Beloved
de Toni Morrison.
Bacon no se limita a contar un
crimen: abre un espacio para mirar de frente lo que suele quedar al margen.
Agradecemos a Annika Brunke su tiempo y su generosidad al compartir las capas
menos visibles de su novela. Seguiremos atentos a sus próximos proyectos y a
las historias que, como esta, se atreven a poner el foco donde más duele.

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