Entrevista a Manuel Ríos San Martín, autor de No te fíes de ellos.

Manuel Ríos San Martín. Foto @danielrios 

Manuel Ríos San Martín acaba de publicar su quinta novela: No te fies de ellos, una historia  que combina  ficción con  historia, música y obras de arte. Una  novela que nació de algo más singular que una noticia o una pregunta que se queda dando vueltas en la cabeza, No te fíes de ellos nació de una idea de Fernando Marías.

 A partir de aquel concepto de La Corporación, una misteriosa organización capaz de manipular el mercado del arte, Ríos San Martín ha construido un thriller que recorre siglos de historia y conecta obras desaparecidas, falsificaciones, asesinatos, poder y conspiraciones. Pero la novela no se queda en el mundo del arte. También habla de nuestra facilidad para ser manipulados y de un presente en el que las redes sociales han convertido la desinformación en una poderosa herramienta.

 Con dos mujeres al frente de la historia —Irene Llamas, vinculada al Museo del Prado, y la inspectora Lola Baltanás—, el autor vuelve a combinar investigación, suspense y una narrativa de marcado carácter cinematográfico.

Hablamos con Manuel Ríos San Martín sobre Fernando Marías, La Corporación, el mundo del arte, sus protagonistas y esa frontera cada vez más difícil de distinguir entre realidad y ficción.

Un thriller intenso y elegante que nos sumerge en el lado más oscuro del arte y de la fama.

No te fíes de ellos nace de una idea de Fernando Marías, de aquel monólogo en el que hablaba de La Corporación y terminaba planteando que, si algo le sucedía, aquella sería la prueba de que la organización existía. ¿Qué ocurrió para que aquella idea se convirtiera, años después, en una novela?

 En muchas ocasiones traté de convencer a Fernando para que desarrollará la idea del monólogo, que también había recogido en su novela corta Esta noche moriré. La novela fundamentalmente trataba sobre una ingeniosa venganza y la historia de la organización secreta quedaba en un segundo término. Pero Fernando estaba con otros proyectos. Lo que sí se escribió fue un libro de relatos sobre La Corporación[1], que es muy original. El tema da mucho juego. Así que yo le pedí permiso para desarrollar el concepto y llegamos a un acuerdo. Poco después, Fernando murió. Fue un duro golpe para todos los familiares y amigos. Pasó un tiempo en el que estuve liado con una serie y un largometraje, pero cuando me planteé mi nueva novela, me volvió esta idea a la cabeza, contacté con sus hermanos y renovamos el acuerdo que había llegado con Fernando. Ha sido un proceso largo, pero creo que ha merecido la pena.

 Después de la muerte de Fernando Marías decidiste hablar con sus hermanos antes de continuar con el proyecto. ¿Sentiste en algún momento que estabas escribiendo también una especie de homenaje o que tenías una responsabilidad especial con aquella historia?

 Sí, creo que Fernando nos dejó demasiado pronto, tenía muchas ideas y proyectos culturales en la cabeza. Nos hemos quedado huérfanos de su creatividad. Me encantaría que esta historia se viese también como un homenaje a un gran escritor y a una magnífica idea.

Durante toda la historia del ser humano, este ha sido manipulado.

La novela utiliza la desaparición y reaparición de obras de arte como punto de partida para hablar de poder, dinero y manipulación. Durante la documentación, ¿hubo algún caso real que te hiciera pensar: «Esto parece inventado, pero ha ocurrido de verdad»?

Bueno, es evidente que, durante toda la historia del ser humano, este ha sido manipulado. Cada sociedad lo ha intentado de una manera, desde Egipto o Mesopotamia hasta nuestros días. Sin ninguna duda. Ahora, con las redes sociales y las fake news pues simplemente se ha adaptado y se ha hecho mucho más rápido, más veloz y homogéneo, al llegar a todo el mundo con un clic. De todas maneras, en la novela me centro más en un caso concreto que mezcla realidad y ficción, como es esta organización secreta que manipula el mundo del arte. Aunque también se dice en la novela que, si eso hace en ámbito de la cultura, que no pasará en otros.

 Hay una idea muy inquietante detrás de la novela: si alguien puede decidir qué obra es auténtica, qué obra desaparece y qué obra vuelve a aparecer, también puede influir en la historia cultural que conocemos. ¿Te interesa más la posibilidad de que exista una conspiración como La Corporación o la capacidad real que tenemos de ser manipulados?

 La Corporación ejemplifica una de las múltiples maneras en las que nos podrían manipular, sofisticada y elegante. En el día a día las formas suelen ser más simples y chabacanas, pero igual de efectivas. He preferido elevar un poco la historia para que fuera más sofisticada y artística.

 En la novela aparecen Goya, Leonardo, Caravaggio, Mozart, Kafka, Jim Morrison… Son figuras y obras que pertenecen a épocas y disciplinas muy diferentes. ¿Cómo se construye una trama capaz de conectar elementos tan alejados sin que el lector tenga la sensación de estar ante un simple catálogo de referencias culturales?

 He trabajado mucho la trama para que todos esos elementos se integren dentro de una historia coherente. Al final, he reflexionado bastante sobre el tema y le he dedicado mucho tiempo a la estructura para que todo tuviera sentido y no quedarán flecos sueltos. La unión entre todas las piezas es la falta de respeto por los artistas a lo largo de los siglos, los primeros que son manipulados en esta historia.

 La novela une dos historias que aparentemente no tienen nada que ver: Irene Llamas y un supuesto Goya en el Museo del Prado, y Lola Baltanás investigando el asesinato de una estrella del pop. ¿Qué fue más complicado: crear esas dos historias por separado o encontrar el momento adecuado para hacerlas converger?

 Sin desvelar mucho, es verdad que las historias van en paralelo durante una parte de la novela. Me gustaba que fuera así, ya que son dos temas que parecen completamente independientes. Pero no puedo contar más detalles sin hacer spoilers.

Me gusta mucho reflejar la vida de los personajes, lo hago en todas mis historias, les dedico páginas a saber cómo son y porqué.

Lola Baltanás es una inspectora de cincuenta años, divorciada, con una hija adolescente y atravesando la menopausia. Es un personaje bastante alejado del arquetipo de policía protagonista. ¿Querías que sus problemas personales tuvieran tanta importancia como el caso que investiga?

 A mí me interesan menos las novelas frías donde simplemente se investiga. Me gusta mucho reflejar la vida de los personajes, lo hago en todas mis historias, les dedico páginas a saber cómo son y porqué. Como autor me resulta interesante y necesario. Trato de reflejar realidades sociológicas que veo a mi alrededor. Por mis circunstancias vitales o mi edad, tengo muchas amigas que están en torno a los 50 años y que atraviesan la menopausia, como tú dices. Es una etapa intensa y complicada en ocasiones, y que no recuerdo haber visto reflejada en la ficción. Me parece interesante esa mezcla entre una policía dura que a la vez siente que tiene los pies de barro porque su cuerpo está cambiando, también sus hormonas y su manera de pensar y enfrentarse al mundo.

 También hay mucho humor en la construcción de Lola, pese a que está investigando un asesinato y se mueve en una trama bastante oscura. ¿El humor es para ti una forma de humanizar a los personajes o también una herramienta para manejar la tensión del thriller?

 A mí me gusta mucho que haya un toque de humor en mis novelas, pero siempre naturalista, creíble, no forzado. Y es que si lo piensas en la vida hay gente muy divertida y eso no les hace peores profesionales, ya sean médicos o restauradores de arte. Por otro lado, he conocido bastantes policías, y es gente que asume la gravedad de lo que investiga, pero a su vez desarrollan una cierta ironía que les separa del sufrimiento que contemplan a diario.

 Has trabajado durante muchos años como guionista y director. En No te fíes de ellos hay una gran cantidad de escenarios, personajes, épocas y cambios de situación. ¿Escribes pensando visualmente, como si estuvieras preparando una película, o cuando escribes novela te olvidas completamente del lenguaje audiovisual?

 Cada vez los lenguajes están más interconectados, no solo el audiovisual, incluso el de las redes sociales. A mí me sería muy difícil extraerme de toda mi historia y de las circunstancias que vivo. La estética visual es fundamental en mis novelas. La cuido mucho, pienso los parajes en donde suceden, y también en la iluminación, la hora del día, el ambiente. Tiene algo que ver con un lenguaje, no diría audiovisual, sino sensorial.

  En tus redes has hablado de la importancia de documentarse y, en esta novela, has tenido la oportunidad de hablar con restauradores de arte. ¿Qué descubriste durante esa investigación que terminó cambiando o enriqueciendo la historia que tenías inicialmente en la cabeza?

 Conozco el mundo de la restauración de cerca desde hace muchos años, pero en esta novela he profundizado en los aspectos técnicos de cómo se realizan las investigaciones de los cuadros. Es una profesión que ha cambiado muchísimo desde que Reverte escribiera La tabla de Flandes. Una de las cosas que más me ha llamado la atención es el programa Aracne, diseñado por Laura Alba (restauradora del museo del Prado) y el ingeniero Juan José Murillo mediante el cual se hace el análisis muy pormenorizado de los hilos con los que están confeccionados los lienzos, que nos dan una información increíble. Este análisis podría cambiar la autoría de una obra. Es fascinante.

Me gusta mucho que haya un toque de humor en mis novelas, pero siempre naturalista, creíble, no forzado.

 La novela mezcla hechos históricos y artísticos perfectamente documentados con una conspiración ficticia. ¿Te has encontrado alguna vez con que la realidad era tan increíble que resultaba difícil mejorarla desde la ficción?

 Esto que te cuento no lo recoge la novela porque lo acabo de descubrir, pero en un trastero abandonado de Estados Unidos han aparecido 12 grabaciones de Michael Jackson. Se están intentando vender, pero la persona que las ha encontrado solo posee las cintas, no los derechos de autor. Por lo tanto, se pueden vender, pero no reproducir en público. Habrá que estar atentos a ver si La Corporación lo soluciona.

 El título es una advertencia: No te fíes de ellos. Fernando Marías puso la semilla de esta historia, tú has decidido recogerla y convertirla en una novela. Después de todo el proceso, ¿de quién debería desconfiar realmente el lector: de los personajes, de quienes manejan el poder… o incluso de la propia historia que cree conocer?

 Pues mira, yo creo que en la realidad habría hay que desconfiar de dos sectores totalmente diferentes: por un lado, de los grupos de poder que claramente manipulan, ya sean partidos políticos o influencers, que nos hablan de xenofobia, falsos atentados, muertos inexistentes; por otro, de los sectores que se refieren a supuestas manipulaciones claramente absurdas, ya sea el terraplanismo o las fumigaciones; solo tratan de crear ruido en la red y de ocultar otros asuntos de verdad graves. La mezcla entre ambos genera mucho ruido y hace que sea difícil encontrar la verdad, hoy en día. Por eso tan importante un periodismo serio y de calidad, que muchas veces se echa en falta.

 Cuestionario exprés a Manuel Ríos San Martín

 Una manía que tengas cuando escribes.

Utilizar dos pantallas grandes, una para la documentación.

 ¿Silencio absoluto o música para escribir?

No suelo escuchar música, pero tampoco necesito silencio absoluto, puedo haber cierto follón de fondo en casa, tengo hijos postadolescentes, me concentro con facilidad.

 Un libro que te hubiera gustado escribir.

La fiesta del Chivo, de Vargas Llosa.

 Un personaje de novela que te habría gustado crear.

Momo, de Michael Ende

 Un escritor que consideres un referente imprescindible.

No te sabría decir, soy muy ecléctico en mis lecturas. No tengo referentes claros. O eso creo.

 Un personaje de No te fíes de ellos con el que te irías a tomar algo.

Con Michel Barray, aunque fuera peligroso.

 ¿Qué palabra define mejor tu nueva novela?

No te fíes (necesito tres).

 Una frase para convencer a alguien de que lea No te fíes de ellos.

«Un thriller intenso y elegante que nos sumerge en el lado más oscuro del arte y de la fama». (Para algo están los dosieres de prensa, ja, ja).

 ¿Qué prefieres como lector: un buen giro final o un personaje inolvidable?

¿Por qué prescindir de uno de ellos? Pero tal vez, si me haces elegir, me quedo con un personaje inolvidable. A veces, los giros finales de mis novelas no están tan al final; cuando suceden, quedan cosas importantes que contar sobre los personajes. No me gusta que mis historias se resuelvan en la última página. Salvo excepciones.

 Una novela que recomendarías sin pensártelo dos veces.

Pues mira, teniendo en cuenta mis distintas facetas, El nombre de la rosa, novela y película, una gran adaptación.

                    

Después de recorrer con Manuel Ríos San Martín los secretos de No te fíes de ellos, queda una última pregunta flotando: cuánto de aquello que damos por cierto responde realmente a la verdad y cuánto ha sido construido, manipulado o simplemente contado de una determinada manera.

Quizá esa sea una de las grandes virtudes de la novela: que, más allá de la intriga y de las conspiraciones, consigue trasladar al lector una sospecha que permanece cuando termina la lectura.

Fernando Marías puso la primera pieza sobre el tablero. Manuel Ríos San Martín ha construido a partir de ella su propia partida. Ahora le corresponde al lector decidir si está dispuesto a confiar en alguien.

O, como advierte el propio título: no te fíes de ellos.



[1] Historia secreta de la Corporación, relatos de Elia Barceló, Fernando Marías, Juan Bas, Constantino Bértolo, Vicente Luis Mora, Marta Rivera de la Cruz, Lorenzo Silva y José Carlos Somoza, 451 Editores (2008)

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